jueves, 9 de octubre de 2014

Un voto manchado de sangre y lágrimas.

Antes de nada, me gustaría pedir disculpas.
Hacerlo a todas aquellas personas que han visto mermados derechos en su vida laboral, aquellas que han perdido su trabajo e incluso a todas aquellas que has perdido su hogar.

A todas ellas les pido perdón de la forma más humilde que sé. Y lo hago porque yo fui uno de los que, en las pasadas elecciones generales, dio su apoyo a la actual panda de sinvergüenzas que tenemos por gobierno. Lo admito. Me equivoque.

En aquel momento estaba desesperado, la crisis había estallado, estaba en paro y pensé, ingenuo de mí, que la oposición podría hacer más que lo que estaba haciendo el gobierno saliente, que era poco más que nada.
Y vaya si lo hizo, pero a peor. Se aprovechó de los votos de gente e hizo lo que le dio la gana. Destruyo lo que habíamos conseguido y se lo ha dado a los que más tienen. Han demostrado con creces que no les importan las personas, solo ellos mismos y su egoísmo llega a límites insospechados. A día de hoy mi voto está manchado con las lágrimas de la gente que lo ha perdido todo.

Y sin embargo, cuando pensabas que no podían caer más bajo, el 08 de Octubre de 2014, ocurrió algo espantoso. Algo inimaginable.

Fuente: https://www.facebook.com/Lagartija.Colores

Excalibur fue asesinado, a sangre fría, “por si acaso”.
Sin una mísera prueba para dilucidar si padecía o no la enfermedad del Ébola, algo que si han hecho las autoridades de EE.UU en un reciente caso, muy similar.
A pesar de la oposición de la sociedad, de facultativos, lo hicieron, mejor dicho, dieron la orden (ellos no se van a manchar la manos). Ya es la gota que colma el vaso.

Ahora han manchado mi voto de sangre y esto no lo voy a olvidar.

Excalibur, no tenía más culpa que ser un perro fiel, un amigo, en las buenas y en las malas. Su único pecado, querer a su familia y estar a su lado. Y lo ha pagado con la muerte.

¿Es esto justo?

Si al menos le hubieran realizado pruebas y detectado la enfermedad, se habría podido entender que, ante un inminente empeoramiento e inevitable fallecimiento, se le hubiera practicado la eutanasia para evitar el sufrimiento. Pero solo en ese caso.
Se optó por la vía rápida, y le quitaron la vida.

Algunos, en algunos medios hasta ha hecho chistes y se han reído y a todos ellos les digo, que siento pena por ellos, porque por mucho dinero que tengan o lo bien que vivan, jamás me cambiaría, por una sencilla razón. No tienen alma, no tienen humanidad.

En el día de ayer se vivieron muchas emociones, de impotencia, ante un gobierno que, cual película de acción, entran por la fuerza en tu vida y, con la excusa de la seguridad nacional, te quitan lo que más amas, sin explicación alguna.
Como he dicho esta es la gota que ha colmado mi vaso. Han manchado de sangre el derecho a decidir quién nos gobierna, quién nos representa. Ellos desde luego no lo hacen.

No soy partidario de generalizar y siempre he pensado que no son las siglas las que definen un partido, una institución, sino las personas y sus actos. Me han decepcionado, todos.
Se dedican a insultarse entre ellos y se olvidad de nosotros, las personas humildes, las que realmente mantienen el país a flote. Nadie hace nada y las pocas propuestas que aparecen, naderías que finalmente son solo parches para una rueda que está ya destrozada. Hay que cambiarla entera. Y eso pasa por algo que nadie quiere hacer, que se nos pregunte, consultas en las que los ciudadanos tengamos verdadero voz y voto.

Queremos poder ser parte de la política, no meros observadores que solo sirven para depositar un papel cada cuatro años.

Casi me da un poco de envidia por la consulta sobre la independencia de Cataluña. Ojo, me gustaría que siguiéramos unidos, pero tienen derecho a expresarse y por el momento son los únicos que han tenido huevos de enfrentarse al gobierno. Deberíamos aprender al menos eso de ellos. No podemos dejarnos pisotear.
Pero las leyes están hechas para ellos y nos permiten poco margen de actuación. Solo podemos votar cada cierto tiempo. Eso es lo que valemos para ellos.

Mi voto está manchado de sangre, roto, en blanco. Y mucho tienen que cambiar las cosas para que, alguna vez, vuelva a ejercer, lo que ellos llaman tan a la ligera, un derecho constitucional.
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